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Visión de sector2 jun 20266 min de lectura

La electrificación ya no es una tendencia, es el futuro

El parque eléctrico crece más rápido que la infraestructura que lo sostiene. El cuello de botella ya no es el vehículo: es la instalación.

Federico Rodríguez Canabarro

CEO · instantTech

La demanda ya está aquí

Durante una década, la conversación sobre movilidad eléctrica giró alrededor del producto: autonomía, baterías, precio de entrada. Esa discusión está prácticamente cerrada. Los fabricantes tienen gama, los concesionarios tienen stock y el consumidor ya compara modelos eléctricos con la misma naturalidad con la que comparaba diésel hace quince años.

Lo que no se ha resuelto al mismo ritmo es la infraestructura doméstica. Un vehículo eléctrico sin punto de recarga en casa es un producto a medio entregar, y esa última milla no depende del fabricante ni del vendedor: depende de un instalador que tiene que entrar en un garaje concreto, con un cuadro eléctrico concreto y una distancia concreta hasta la plaza.

El cuello de botella se ha movido

Cuando el volumen era bajo, cada instalación se podía tratar como un proyecto singular: una visita técnica, un presupuesto a medida, dos semanas de espera. Con miles de entregas al mes ese modelo no escala. Se convierte en llamadas, correos, presupuestos que llegan tarde y clientes que descubren el coste real de su instalación cuando ya han firmado el coche.

El problema no es técnico. Instalar un punto de recarga es una obra pequeña y perfectamente estandarizable. El problema es de coordinación: quién asigna el trabajo, quién garantiza el precio, quién responde cuando algo se desvía y quién deja trazabilidad de todo el proceso.

Por qué el precio fijo cambia la conversación

La mayor fricción comercial no es el importe: es la incertidumbre. Un cliente acepta pagar por su instalación, pero no acepta firmar sin saber cuánto va a costar. Por eso el precio cerrado en el momento de la venta convierte la instalación en un producto más del catálogo, con su ficha, su importe y su plazo.

Para calcularlo no hace falta una visita previa. Basta con dos variables que el propio cliente conoce: el cargador que quiere y la distancia entre el cuadro eléctrico y su plaza de garaje. Con eso se puede cerrar un presupuesto en minutos y ajustarlo en obra solo si la medida declarada no coincide.

La instalación como capa de servicio

La consecuencia natural es dejar de tratar la instalación como un servicio anexo y empezar a tratarla como una capa: una red de instaladores certificados, un sistema que asigna el trabajo por zona y un panel donde cualquier marca puede ver el estado de cada orden en tiempo real.

Esa capa permite que un fabricante, un concesionario o un retailer vendan instalación sin montar una operación de campo. La marca sigue siendo la cara visible; la ejecución, el SLA y la legalización quedan detrás, resueltos por quien ya opera todos los días en ese terreno.

Lo que viene

La electrificación del parque no se va a frenar, y con ella crecerá la exigencia sobre la instalación: plazos más cortos, documentación impecable y una experiencia de compra sin sorpresas. Quien lo resuelva antes no ganará por precio, ganará por fiabilidad.

Nuestra apuesta es explícita: red de instaladores propia y certificada en España e Italia, con Portugal y Francia en preparación, y una plataforma disponible en toda Europa y LATAM para que cualquier operador pueda apoyarse en ella desde el primer día.

«El coche eléctrico dejó de ser el problema. El problema es todo lo que pasa después de la compra.»

Federico Rodríguez Canabarro, CEO

72 h

de la solicitud a la instalación completada

Media de operación de la red en España e Italia durante el último trimestre.

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