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Opinión4 may 20266 min de lectura

Por qué la complejidad es el verdadero enemigo de la transición energética

La tecnología está lista, el cliente está dispuesto y el marco regulatorio avanza. Lo que frena la adopción es la cantidad de pasos que hay entre querer y tener.

Yusuf Bahadir Turhan

Fundador · instantTech

La adopción no se pierde en el precio

Es cómodo pensar que la transición energética avanza despacio por motivos económicos. En muchos casos el freno es más prosaico: el cliente no sabe a quién llamar, qué le van a cobrar ni cuánto va a tardar. La decisión no se rechaza, se posterga.

Ese aplazamiento es invisible en las estadísticas de venta, pero es donde se pierde la mayor parte de la demanda. Nadie registra los proyectos que nunca empezaron porque pedir tres presupuestos era demasiado trabajo.

Cada intermediario suma incertidumbre

En una instalación tradicional intervienen el vendedor, un comercial de instalación, un instalador que visita, un administrativo que presupuesta y alguien que tramita la legalización. Cada actor es razonable por separado; sumados, generan semanas de espera y un mensaje distinto en cada paso.

La complejidad no está en ninguna de las partes: está en las juntas entre ellas. Ahí es donde se pierden los plazos, se contradicen los precios y aparece la sensación de que instalar es complicado.

Simplificar no es quitar rigor

Reducir pasos no significa hacer menos comprobaciones, significa hacerlas en el momento correcto. La mayoría de la información necesaria para presupuestar la tiene el propio cliente: qué cargador quiere y cuántos metros hay entre el cuadro y su plaza.

Con esas dos variables se puede cerrar un precio y dejar la verificación técnica para la propia instalación, donde el instalador ya está en el sitio. El rigor se mantiene; lo que desaparece es la espera improductiva.

La estandarización como servicio

Estandarizar tiene mala prensa porque se asocia a rigidez, pero en instalación es lo contrario: es lo que permite dar el mismo plazo y el mismo precio en Barcelona y en Milán. Franjas de metraje, catálogo de equipos y un procedimiento único hacen que el resultado no dependa de quién coja el teléfono.

Para la marca que vende, esa homogeneidad es lo que convierte la instalación en algo que puede prometer sin miedo. Para el instalador, es lo que le permite trabajar sin negociar cada obra.

Menos pasos, más transición

Si la transición energética depende de millones de decisiones domésticas, cada punto de fricción que se elimina vale más que cualquier campaña. Un presupuesto cerrado en cuatro pasos y una instalación en 72 horas no son mejoras de proceso: son la diferencia entre un cliente que instala y uno que lo deja para más adelante.

La complejidad no se combate con más gestión, se combate con menos superficie. Ese es el trabajo.

«Cada paso que añades entre la decisión y la instalación es una oportunidad de que el proyecto no ocurra.»

Federico Rodríguez Canabarro, CEO

4 pasos

del interés al presupuesto cerrado

Cargador, características del lugar, datos de contacto y presupuesto final.

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